La bellezza non è che il disvelamento di una tenebra caduta e della luce che ne è venuta fuori.
Alda Merini

venerdì 8 giugno 2012

È l’alba

Svegliati. Il letto è più freddo
e le lenzuola sporche a terra.
Dai vetri della veranda
appare l’alba,
col suo colore di soprabito autunnale
e giarrettiera di donna.

Svegliati pensando vagamente
che il portiere di notte vi ha chiamato.
E ascolta nel silenzio: in lontananza
s’odono sferragliare ripetutamente
i tram che portano al lavoro.
È l’alba. 

Si andranno accumulando i fiori
recisi, nei chioschi delle Ramblas,
e canteranno gli uccelli – quei cornuti –
dall’alto dei platani, guardando
la triste umanità che va a letto
quando è già l’alba. 

Ricordati la stanza in cui hai dormito.
Affonda la testa nei cuscini,
riprovando l’irritazione e il freddo
che fa sentire l’alba
vicino al corpo che ci piaceva tanto
ieri notte,

e pensa che dovresti alzarti.
Pensa alla casa ancora buia
dove entrerai per cambiarti di abito,
e all’ufficio, col sonno da vincere,
e alle molte altre cose che s’annunziano
fino dall’alba.

Anche se accanto a te senti il sussurro
d’un altro respiro. Anche se cerchi
quel poco di calore tra le sue cosce
mezzo addormentato, rabbrividendo.
Anche se l’amore non è meno dolce
fatto all’alba.

- Vicino al corpo che ieri sera mi piaceva
tanto nudo, lasciami accendere
la luce per guardarci e darci un bacio,
all’alba.
Perché so il giorno che mi aspetta,
e non per il piacere.

Jaime Gil de Biedma

*****

Despiértate. La cama está más fría
y las sábanas sucias en el suelo.
Por los montantes de la galería
llega el amanecer
con su color de abrigo de entretiempo
y liga de mujer.

Despiertáte pensando vagamente
que el portero de noche os ha llamado.
Y escucha en el silencio: sucediéndose
hacia lo lejos, se oyen enronquecer
los tranvías que llevan al trabajo.
Es el amanecer.

Irán amontonándose las flores
cortadas, en los puestos del las Ramblas
y silbarán los pájaros – cabrones -
desde los plátanos, mientras que ven volver
la negra humanidad que va a la cama
después de amanecer.

Acuérdate del cuarto en que has dormido.
Entierra la cabeza en las almohadas,
sintiendo aún la irritación y el frío
que da el amanecer
junto al cuerpo que tanto nos gustaba,
en la noche de ayer,

y piensa en que debieses levantarte.
Piensa en la casa todavía oscura
donde entrarás para cambiar de traje,
y en la oficina, con sueño que vencer,
y en muchas otras cosas que se anuncian
desde el amanecer.

Aunque a tu lado escuches el susurro
de otra respiración. Aunque tú busques
el poco de calor entre sus muslos
medio dormido, que empieza a estremecer.
Aunque el amor no deje de ser dulce
hecho al amanecer.

- Junto al cuerpo que anoche me gustaba
tanto desnudo, déjame que encienda
la luz para besarse cara a cara,
en el amanecer.
Porque conozco el día que me espera,
y no por el placer.







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